Locos de Amor

Locos de Amor, se ha convertido en un clásico de la dramaturgia norteamericana. Escrita en 1983 por Sam Shepard (considerado uno de los dramaturgos contemporáneos más importantes de Estados Unidos), cuenta la historia de dos destructivos y desesperados amantes -que además son hermanastros-, atrapados sin salida por las necesidades que los atraen y separan simultáneamente. El escenario es un motel en el confín del desierto Mojave: precisamente allí es donde se desenvuelven sus sueños y recuerdos, invitándonos a ser testigos de múltiples versiones de una cruel y fatal historia de amor.
Como en todas las historias de Sam Shepard, en Locos de amor no hay héroes, sólo personajes confusos debatiéndose entre imaginarios pasados y toscas realidades. Deambulan verbalmente en coléricas relaciones, que van dando cuenta de distorsiones en su identidad y de conflictivas raíces familiares.

El interés por montar esta obra surge a partir de una necesidad de revisitar y revalorizar tanto al autor como al texto, para generar un diálogo con nuestra propia realidad. El problema humano específico que plantea Shepard permite desplegar una reflexión escénica que refleja, de manera profunda, diversos conflictos latentes de las generaciones actuales: hombres y mujeres que, a través de sus relaciones, dan cuenta de vicios heredados por sus antepasados.

A través de los diálogos, vemos conformarse un entramado de relaciones que está lejos de encontrar plenitud. Los personajes no pueden, o más aún, no saben vincularse unos con otros y asumen el amor desde una única perspectiva. Enfermizamente.

Sin duda, las relaciones ocupan un lugar central en la vida de muchos y constituyen, notoriamente, un juego que vale la pena jugar, a pesar de los evidentes riesgos. En palabras de Zigmunt Bauman “las cosas se revelan a la conciencia solamente por medio de la frustración que causan, arruinándose, desapareciendo, comportándose de manera inesperada o traicionando su propia naturaleza. La atención humana tiende a concentrarse actualmente en la satisfacción que se espera de las relaciones, precisamente, porque no han resultado plena y verdaderamente satisfactorias” (Zigmunt Bauman, Amor líquido).

Créditos

DIRECCIÓN:
Andrea García Huidobro.

ELENCO:
Francisco Pérez Bannen, Manuela Oyarzún, Alejandro Sieveking e Iván Parra.

DISEÑO ESPACIAL y LUMÍNICO:
Iván Parra.

VESTUARIO:
Horacio Pérez.

MUSICALIZACIÓN:
Esteban Oyarzún.

SONORIZACIÓN:
Marcello Martínez.

FOTOGRAFÍAS:
Eduardo Frodden.

DISEÑO GRÁFICO:
Benjamín Pérez Bannen.

PRODUCCIÓN GENERAL y PRENSA:
Francisca Babul.

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